A simple vista, Marte puede parecer un mundo donde no sucede nada especialmente llamativo: un territorio rojizo cubierto de polvo y rocas moldeado durante miles de millones de años por el viento y la erosión. Y, aun así, ese paisaje aparentemente monótono sigue generando historias capaces de difundirse con rapidez por todo el mundo.
La última gira en torno a una formación rocosa que, vista desde el espacio, recuerda sospechosamente a una pirámide. La estructura se encuentra en Candor Chasma, un enorme valle dentro del gigantesco sistema de cañones Valles Marineris, uno de los más grandes del planeta. Las imágenes que alimentan la historia, sin embargo, no son recientes: proceden de misiones orbitales de la NASA y los archivos del Mars Global Surveyor indican que la formación ya había sido identificada en 2001.
Incluso ha sido mencionada en algunos análisis basados en esas imágenes orbitales, entre ellos un artículo publicado en TSI Journals en 2017, lo que indica que la curiosa silueta llevaba años llamando discretamente la atención de algunos observadores del paisaje marciano.
El interés por la formación resurgió este marzo, cuando, según reportan varios medios, el cineasta Brian Cory Dobbs compartió en redes sociales una imagen procesada en 3D que resaltaba su forma triangular al recortar gran parte del paisaje circundante. La imagen comenzó a circular ampliamente en internet y dio lugar a diversas teorías sobre posibles ruinas extraterrestres.
El atractivo visual de la formación es innegable. Sus crestas convergen de forma marcada y, dependiendo del ángulo, pueden evocar una pirámide monumental. No es extraño que en redes sociales algunos la hayan comparado incluso con la Gran Pirámide de Giza. Pero, como suele ocurrir en este tipo de fenómenos virales, las apariencias pueden resultar engañosas y los análisis científicos apuntan a una explicación muy distinta.
Los mapas geológicos del USGS sitúan esta formación dentro de un tipo de relieve relativamente común en Candor Chasma: colinas aisladas asociadas a los llamados depósitos estratificados internos. Estas formaciones se originan a partir de capas de sedimentos acumuladas en el fondo del cañón que, con el tiempo, se consolidan y quedan expuestas a medida que la erosión elimina el material circundante durante largos periodos geológicos.
Diversos procesos han modelado este paisaje, entre ellos la erosión por viento, agua antigua y deslizamientos de terreno. En la tenue atmósfera marciana, el viento puede transportar partículas de arena que desgastan la roca y contribuyen a esculpir aristas y superficies angulosas, lo que podría explicar por qué algunas colinas adquieren formas aparentemente geométricas.
La escala también resulta llamativa. Según estimaciones basadas en imágenes orbitales del Mars Global Surveyor citadas por Science Alert, la estructura tendría unos 290 metros de diámetro, una dimensión aproximadamente comparable a la base de la Gran Pirámide de Giza. Pero lejos de ser un monumento alienígena, encaja dentro de un paisaje mucho más amplio formado por colinas y macizos aislados moldeados por procesos geológicos similares.

La erosión también hace pirámides en la Tierra
La Tierra ofrece ejemplos comparables. Algunas montañas presentan perfiles sorprendentemente piramidales como resultado de la erosión y otros procesos geológicos, lo que muestra que una geometría aparentemente regular no implica necesariamente una construcción artificial.
Como recoge Science Alert, un ejemplo es el Cerro Tusa, en Colombia, que se eleva unos 457 metros sobre el terreno circundante y tiene una base de aproximadamente 1,8 kilómetros de ancho. En la provincia china de Guizhou también abundan cumbres de perfil triangular formadas por procesos naturales.
El científico planetario Pascal Lee, del Mars Institute y el SETI Institute, también ha puesto el hallazgo en perspectiva. Según recogió NewsNation, durante su intervención en el programa «Jesse Weber Live» fue claro al respecto: «Para mí, nada de lo que veo aquí me hace pensar en una civilización extraterrestre». A su juicio, las caras del relieve no presentan la planitud ni la regularidad propias de una pirámide construida por arquitectos, sino que parecen más bien capas de roca expuestas tras largos periodos de erosión.

